3.4.09

"Vida en Sombras" de Lorenzo Llobet-Gracia.

Qué paramo, el cine español de la posguerra. Están Berlanga, Bardem, las películas españolas de Ferreri y, más tarde, alguna que otra de Buñuel. Y para de contar. Vistos dese hoy, los años cuarenta y cincuenta en España parecen un desierto cultural, años de hambre, dictadura, represión y censura. Años perdidos que nos dan esa sensación tan nuestra de atraso, de Europa acaba en los Pirineos y demás complejos de los que no parece que acabemos de librarnos nunca.

Sin embargo, viendo el otro día "Vida en sombras" (1948) de Lorenzo Llobet-Gracia, tuve la sensación de mirar por el ojo de la cerradura hacia lo que podría haber sido, hacia una realidad histórica paralela de cine personal, brillante, creativo y arriesgado. No llegó a ser, pero películas como ésta demuestran que lo que faltó no fue el talento ni el deseo, ni el sentido del riesgo.


La copia que hoy podemos ver de "Vida en sombras" lleva la huella de esas condiciones históricas (la mano de la censura, la falta de medios) que no permitieron que el talento de su director floreciera: el celuloide rasgado, el sonido de muy baja calidad, los saltos del montaje, las incongruencias en la narración. No se puede pretender que sea una visión agradabla ni gozosa, pero da una idea muy clara de lo que podría haber sido y, a ratos, incluso lo es.

Es una película personal, que narra la obsesión por el cine de un hombre nacido en una de las primeras salas de cine del país, cuando aún la gente no tenía claro lo que era. La narración sigue los acontecimientos históricos (fin de la primera guerra mundial, proclamación de la república, guerra civil, posguerra) en paralelo con la creciente obsesión del protagonista con el cine. Durante la guerra, su mujer muere y él considera que su fijación cinematográfica es responsable del drama, por lo que reniega del cine y sólo consigue volver a entrar en una sala mucho más tarde.


La película está repleta de momentos potentes. Por ejemplo, filmando un tiroteo urbano durante la guerra, el protagonista no duda en manipular el escenario para darle mayor dramatismo a la secuencia; en ese momento, entendemos que la guerra no es del todo real para él, que sólo existe a través del objetivo, como si fuera un guión y no un verdadero drama. El primer beso entre los amantes ante la pantalla de cine mientras ven "Romeo y Julieta" también nos recuerda que para él las cosas de la vida real sólo existen mediatizadas a través del cine. Quizás por eso la escena en que el matrimonio se entera a través de la radio del estallido de la guerra tiene un curioso tono que parece a la vez aplanar el dramatismo y añadirle tensión: la cámara se pasea lánguidamente por el salón mientras Fernán-Gómez se enciende un cigarrillo y su mujer intenta bordar y el espectador palpa realmente el paso del tiempo, hasta que llegan más noticias y se confirma que estamos en guerra. Pero no parece real porque sólo hay sonido, palabras, una voz que dice cosas. Faltan las imágenes.

Pero la mejor secuencia se encuentra en el último tramo, cuando el protagonista vive en plena depresión, incapaz de olvidar la muerte de su mujer y de recuperar su pasión por le cine. De nuevo, la cámara se mueve lentamente por el cuarto mientras Fernán-Gómez sufre la visión de la fachada de un cine en las Ramblas, frente a su balcón, donde pasan "Rebeca" de Hitchock, una fachada llena de neones que se encienden y se apagan, ora proyectando sombras en su cuarto, ora dejándolo a oscuras, mientras observa el retrato de su mujer muerta y el tiempo pasa en valde. Intentando recuperarla, se proyecta secuencias familiares en que ella sonríe y posa y dice "no sé qué decir" y se alisa la falda y la composición de los planos nos sugieren que estamos dentro de su mente, como si viéramos una película que él se proyecta a sí mismo una y otra vez y no le deja vivir.


Al final, el protagonista recupera su pasión y se decide a dirigir una película: en la útlima escena, entendemos que hará una película sobre su amor por el cine y vemos cómo rueda en uno de los decorados en que realmente se ha rodado una de las primeras escenas de la película que estamos viendo. La película es la historia de su propia creación. Este tipo de reflexión metacinematográfica no era moneda corriente en 1948, ni en España ni en niguna parte. Más aún, a través de los debates del protagonista con su amigo, "Vida en sombras" también muestra una mini-historia subjetiva de la teoría cinematográfica: desde el rechazo al sonoro en virtud de la "esencia" propia del cine hasta la llegada del technicolor.

"Vida en sombras" es una película que nos ha llegado en muy malas condiciones, pero cuyas cualidades son palpables. Había un genio detrás de la cámara que nunca pudo completar niguna otra película. Esta salió en salas tres años más tarde, probablemente destrozada por la censura y pasó sin pena ni gloria hasta que la Filmoteca Española la recuperó hace unos años. Cuánto talento se malgastó en aquellas décadas perdidas.

Esta película se proyectó en el festival de Venecia del año pasado, junto con un documental sobre su creación: "Bajo el Signo de las Sombras" (1984) de Ferrán Alberich.

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